jueves, 28 de febrero de 2013

¿ES EL NARCICISMO AUTOESTIMA?


El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas en oposición. Todo lo contrario: una actitud de amor a sí mismo se encontrará en todos aquellos que son capaces de amar a los demás. (E. Fromm)

Habitualmente se confunde tener una buena autoestima con ser narcisista. Lejos de la realidad, el narcisista busca su propia autorrealización pero lo hace en la periferia de sí mismo. Lo hace en el exterior, en la imagen que proyecta en los demás, sintiendo miedo de profundizar en su interior porque le asusta lo que pueda descubrir. El narcisista está encantado consigo mismo, tanto que siente que los demás no son merecedores de su respeto y estima. Busca desesperadamente “espejos” en los que ver reflejados sus cualidades. Ama una imagen idealizada, pero que no es real.

En el perfil patológico se da una distorsión entre el yo real y el yo ideal. La constante autoexigencia y la búsqueda de la perfección les ocasionan angustia, tensión y sentimientos de vacío. El narcisista desconoce su identidad real y en consecuencia depende neuróticamente de su entorno, del impacto de su imagen o de su éxito profesional.

Hoy día, existe una elevada tasa de personalidad narcicista, en todos los sectores de la población, ya que el logro principal parece ser el éxito y todo aquello que tenga que ver con la imagen externa y la fachada. Resulta muy preocupante el hedonismo descontrolado y la excesiva importancia otorgada a todo lo material, en detrimento de los auténticos valores y el aprecio por las personas. El individualismo insolidario está generando de forma cada vez mayor trastornos de ansiedad, síntomas depresivos y trastornos alimentarios.

El narcicismo refleja despreocupación por los otros. Únicamente se interesa por el placer inmediato, aquí y ahora, mostrando falta de afecto e interés hacia otras personas, evitando cualquier compromiso vinculante a largo plazo. No es capaz de implicarse emocionalmente, mostrar empatía o sensibilidad. Todo lo que no le afecte de manera directa no tiene relevancia en su vida. Lo que importa es él mismo, su egoismo es máximo. Sin embargo, la persona que se autoestima se acepta tal cual es, con sus virtudes y limitaciones, tratando de fijarse metas realistas y afrontando con determinación los fracasos. Aprecia a los demás, se preocupa de establecer vínculos relacionales y no tiene miedo de profundizar en su interior, ya que lo que encuentra lo acepta como parte de la persona que es. Comprende un sistema de valores que reconoce como fundamentales para ser considerado persona.

El ser humano se encuentra integrado en su sistema relacional. Necesita vivir en interrelación con los otros, aceptándolos e integrándolos como parte fundamental del concepto de sí mismo. Se quiere y quiere. Contrariamente a lo que solemos pensar, el narcicismo no implica no querer nada a los demás y mucho a sí mismo, sino querer solamente la parte superficial y banal que conoce. Su egocentrismo es lo único que le permite.




   
                                      

lunes, 4 de febrero de 2013

DÍA MUNDIAL EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER


 Agárrate a la vida


Hoy 4 de febrero es  el Día Mundial de la lucha contra el Cáncer. Una enfermedad que no deja indiferente a nadie, ya que afecta a todos: NIÑOS, ADULTOS y ANCIANOS. Creo que es importante reflejar el avance médico en la detección precoz y en los tratamientos antineoplásicos. Aunque también quiero destacar que, por parte de las instituciones y organismos, la atención a las necesidades psicológicas es muy limitada. Existen muchas desigualdades entre comunidades, e incluso dentro de la misma comunidad autónoma. En muy pocos hospitales se encuentra el psicooncólogo integrado como unidad asistencial. La mayor parte de la atención se sigue dispensando a través de fundaciones y ONG’s.

El diagnóstico de una enfermedad oncológica y su tratamiento desestructuran la vida del paciente y su familia, ya que a pesar de los avances, sigue asociada a muerte y sufrimiento. Los pacientes se encuentran sometidos a importantes cambios amenazadores, entre los que se encuentran los directamente relacionados con su enfermedad y los efectos secundarios de los tratamientos, la angustia asociada a la incertidumbre, los tiempos de espera, el cambio en los roles del enfermo, la pérdida de ciertas capacidades funcionales y/o del trabajo, los cambios en la imagen corporal, el afrontamiento de la propia muerte y lo que ello conlleva.   

La percepción de amenaza, el miedo intenso y los sentimientos de desesperanza e indefensión están presentes en distintas intensidades a lo largo del proceso a los que el enfermo y su familia deben enfrentarse. Se considera que más del 50% de los pacientes muestran signos y síntomas psicológicos debido al elevado nivel de estrés al que deben hacer frente durante, y después de su enfermedad. Existe una situación de riesgo emocional para el desarrollo de reacciones emocionales desadaptativas y patologías psiquiátricas. Un 24% de los pacientes oncológicos presentan criterios diagnósticos para trastorno psicopatológico.

El estilo de afrontamiento y el nivel de ajuste o adaptación del paciente y su familia ante el cáncer va a depender de:

-          El grado de patología a nivel clínico.
-          os efectos de los tratamientos (cirugía, radioterapia, quimioterapia…).
-          El nivel y modo de información que recibe.
-          El apoyo social y los recursos ambientales.
-          Las competencias del paciente para hacer frente al estrés  y la disponibilidad de tratamiento psicológico.

Por ello, la línea de intervención psicológica tiene como objetivo facilitar la adaptación y mejorar la calidad de vida, intentando promover un adecuado afrontamiento por parte del enfermo y su familia durante todo el proceso de diagnóstico, tratamiento, seguimiento, recaída y final de la vida. Además de facilitar la adherencia terapéutica, implicando al paciente en la toma de decisiones médicas.

Los pacientes con cáncer tienen derecho al mejor tratamiento médico y al mejor cuidado. Y esto implica acoger sus miedos y preocupaciones. No huir de su sufrimiento y ayudarle a encontrarle un sentido a todo lo que están viviendo. Algo que parece tan sencillo, suele pasar desapercibido para los profesionales y familiares. El escuchar hablar del miedo a la muerte y de las preocupaciones sobre el futuro nos paraliza. En lugar de detenernos a escuchar continuamos con nuestra vida como si nada pasara, bloqueando cualquier tipo de emoción propia y de la persona enferma.  Tan importante es prevenir y curar como aliviar el sufrimiento y proporcionar el máximo bienestar. 



                          

jueves, 20 de diciembre de 2012

GUÍA PRÁCTICA PARA SUFRIR: LOS PASOS QUE NOS LLEVAN A LA INFELICIDAD


El sufrir es de todos. El saber sufrir es de pocos (Padre Pío)

Las personas tenemos cierta tendencia innata a la búsqueda de objetivos o sueños frustrados. Nos dedicamos a vivir pensando y planificando un futuro que no llega y olvidando el presente que vivimos. Intentamos satisfacer y agradar a los demás y nos olvidamos de nosotros mismos. Exigimos lo que damos, pero la realidad es que no puedes pedir más a quien no tiene más que ofrecer. Pretendemos vivir en un mundo perfecto, donde queremos mostrar nuestra mejor cara: alegres, educados y complacientes. Omitimos los sentimientos de rabia porque nos parecen inadecuados y ocultamos la tristeza por creer que así nos mostraremos débiles.

Somos responsables de nuestros actos y aunque en algunos aspectos de la vida la suerte exista, no podemos vivir lamentándonos por los logros de los demás y por nuestras propias derrotas. Aceptar el estado de las cosas, nuestros propios sentimientos, disfrutar los éxitos y aprender de los fracasos.

Aquí os dejo esta paradójica guía para sufrir, con las claves necesarias para avanzar por el camino de la infelicidad. De forma divertida, representa el comportamiento y las creencias irracionales humanas. Y aunque el sufrimiento sea un compañero inseparable en muchos momentos de la vida, es conveniente reflexionar sobre la causa del mismo, encontrarle un sentido y analizar de qué forma nos afecta a diario.

La reflexión acerca del sufrimiento propio o ajeno es un puente entre estar sufriendo y dejar de sufrir, porque de esta manera, al estar consciente del motivo por el cual sufrimos podemos encontrar soluciones, alternativas y herramientas nuevas para aceptarlo y así dejarlo ir en algún momento, neutralizarlo y encontrarle el sentido, asumirlo de una manera creativa y así poder entenderlo positivamente para hacernos más fuertes y crecer como personas.





lunes, 10 de diciembre de 2012

LA MENTIRA Y SU GRAN ENEMIGO: EL LENGUAJE CORPORAL


             
Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti (Nietzsche)

La mentira es un acto en el que intencionadamente una persona intenta falsear u ocultar la realidad a otra. La mentira es central en la vida, no tiene por qué ser siempre algo censurable ya que es necesaria para el mantenimiento de las relaciones sociales, nos suaviza la vida. Forma parte de la educación que hay que inculcar a los pequeños, pues si nunca mintiéramos no existiría la cortesía, no ocultaríamos los sentimientos injustos y podríamos dar lugar a expresiones inoportunas. Necesitamos aprender a expresar nuestras emociones de una forma sincera y sin mentiras pero también de forma constructiva para no dañar a los demás inútilmente.

La mejor manera de ocultar una emoción es fingiendo otra. Actuamos como si nos pusiéramos una máscara en la que ocultamos lo que realmente estamos sintiendo y damos paso a una emoción fingida. Nuestra máscara más habitual es la sonrisa. La sonrisa constituye la expresión facial que con mayor frecuencia puede producirse de manera voluntaria y es contraria a casi todas las emociones creativas, como la tristeza, el disgusto o el temor. Antes del primer año de vida, el niño sabe sonreír de forma deliberada y utiliza este medio para atraer la atención del exterior. Sonreímos cuando nos dicen algo que nos produce tristeza o cuando saludamos de manera cortés a alguien que no aguantamos. Actuamos así no porque queramos transmitir felicidad, sino porque no queremos reflejar nuestros verdaderos sentimientos.

Sin embargo, la realidad nos enseña que las personas mienten para evitar las consecuencias de sus actos y los creemos porque la detección de mentiras no es tarea fácil, y más allá necesitamos creer a quien queremos. Aunque nuestros pensamientos sean privados, nuestras emociones se detectan por una señal distintiva que ayuda a los demás a comprender cómo nos sentimos. El rostro puede generar más de diez mil expresiones y es posible identificar signos para detectar una mentira. ¿Pueden acaso las personas controlar todos los mensajes que transmiten? O ¿Puede el comportamiento no verbal delatar lo que esconden las palabras? Según Ekman, científico experto en la materia, se puede detectar la mentira por el lenguaje no verbal.  Los movimientos corporales, los gestos y las inflexiones de voz traicionan nuestros embustes.

Las microexpresiones son movimientos de los músculos faciales en momentos críticos. Se ha estudiado que las emociones básicas no pueden ser falsificadas ya que los músculos de la cara se mueven de manera autónoma y no hay forma de que se puedan reproducir esos movimientos de manera consciente. Las microexpresiones reciben este nombre porque su duración es muy corta y veloz, lo que las hace imperceptibles a los demás. En estudios, se necesita la grabación del sujeto para poder observarlas.

En el caso de la sonrisa, se puede observar diferencias entre una emoción de alegría verdadera y una falsa sonrisa. Las risas auténticas se generan de manera involuntaria y hasta a veces inevitable. Surgen de un sentimiento, de una emoción y las emociones generan activación de músculos que no podemos controlar. Se trata del músculo cigomático mayor (encargado de elevar la comisura de los labios hacia arriba) y el músculo orbicular (encargado de producir que los ojos se cierren y generen las arrugas en los costados de éstos). La activación de estos músculos produce gestos fáciles de identificar para quien tiene cierta información y presta atención. El músculo orbicular es el que va a marcar la diferencia entre una sonrisa real y una sonrisa forzada. Cuando la sonrisa es forzada, estas arrugas en los costados de los ojos no existen y se activan menos músculos. Representaría un gesto de gratitud en el que se elevan las comisuras de los labios.

Sin embargo, no sólo nuestro rostro nos delata cuando mentimos. Todo nuestro cuerpo revela inevitablemente nuestras emociones. Como indicios para descubrir a quien miente se deben identificar al menos dos gestos que confirmen esta tendencia. Algunos son:
  • Mirada (hacia arriba y a la derecha para pensar una respuesta). 
  • Gestos con las manos (rascarse o jugar con algún objeto). 
  • Labios apretados (más aún si traga saliva).
  • El gesto de sorpresa sólo dura en el rostro un segundo, si dura más es falso. 
  • Cuando se hace una pregunta y el interrogado eleva las cejas sabe la respuesta. 
  • Hacer algún gesto de afirmación después de una negación es señal de mentira. 
  • Si se contesta a la pregunta en menos de un segundo, la respuesta está premeditada y es una mentira preparada y desarrollada. 

Sin embargo, siempre existirán personas que mientan y no presenten indicios, por ejemplo los psicópatas. Su mentira es fría, premeditada y con perfeccionismo estratégico, para llevar a cabo la concreción de sus necesidades especiales. No se incomoda al mentir, no experimenta el displacer de la culpa que cualquier persona suele sentir en esas circunstancias. El psicópata miente constantemente para lograr sus fines y lo hace de forma convincente y serena.

Las palabras sólo transmiten el 7% del mensaje, el tono de voz un 20 o 30%, el lenguaje corporal un 60-80%, esto es, el 90% del mensaje es comunicación no verbal. Conclusión: si hablamos de mentiras, una mirada vale más que mil palabras. Aquí tenéis un buen ejemplo.



lunes, 26 de noviembre de 2012

AUTORREGULACIÓN EMOCIONAL. ESTRATEGIAS PARA AFRONTAR EL CAMBIO



                      “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” (Ghandi)

En algún momento todos hemos experimentado sentimientos que hemos bloqueado. Hemos sentido ganas de llorar o nos ha molestado algo, pero finalmente decidíamos contenernos, no llegando al llanto ni explicando el motivo de nuestro disgusto. Tomamos una posición defensiva ante los problemas. Nos ponemos una coraza que nos ayuda a protegernos de las heridas y amenazas externas. En muchas ocasiones, este tipo de actuación ejerce una función positiva. El problema surge cuando esta coraza actúa de forma permanente y nos sentimos amenazados en todas las situaciones.

Cuando el sistema afectivo se colapsa, como en los casos de ira extrema, es el cuerpo el que experimenta la emoción. El exceso de energía se acumula en el organismo, aumentando en exceso la activación e impidiendo el abordaje adecuado de la situación. Si, por el contrario, se decide contener la emoción, no expresarla y evitarla, se está destinando la energía activada a inhibir la vivencia emocional. Esto repercute en el estado general de salud y en la aparición de somatizaciones. Sin embargo, el cambio es posible. Podemos a aprender a autorregularnos. La autorregulación es la capacidad de gestionar y canalizar de forma adecuada nuestras emociones ante las diversas situaciones. Lo que supone un reto es hacerlo correctamente en aquellas situaciones y emociones que no nos gustan o que suponen una amenaza.

En lo que a emociones se refiere, en extremos, tenemos, por un lado, a aquellas personas que niegan o evitan la emoción en todo momento, sufriendo un estado de “anestesia emocional”. Éste sería el caso de la Alexitimia. Las personas que la padecen se sienten incapaces de expresar sus emociones, ya que se han negado a sentir hasta tal punto que han perdido la capacidad de reconocimiento y diferenciación. Ante una emoción muy intensa pueden llegar a sentir bloqueo, sin saber qué les está pasando. No pueden expresar si es rabia, miedo o angustia. Por otro lado, encontraríamos a las personas hipersensibles o aquellas que se sienten desbordadas fácilmente por los sentimientos. El problema de la labilidad emocional es que se quedan atrapadas en una determinada emoción, no emitiendo ninguna respuesta o reacción ante la situación. Suelen poseer una alta activación fisiológica, lo que les hace estar constantemente en un estado de estrés.

La respuesta emocional surge en interrelación con el pensamiento y la conducta. Una emoción concreta activa un tipo de pensamiento, que a su vez genera una conducta. Dado que no es algo aislado, es necesario influir en los tres sentidos. La autorregulación emocional trabaja, en primer lugar, más que la conducta, el reconocimiento y aceptación de la emoción, esto es, darse cuenta de qué se piensa y entonces así poder determinar la conducta más adecuada. El cambio de conducta nos puede generar mayor estrés y malestar inicialmente, entendiéndolo  como un proceso de adaptación, aunque éste sea para mejorar nuestra forma de actuar. Ante el malestar podemos quedarnos como estábamos o asumir un compromiso para afrontar el cambio. Para ello hay que una serie de pasos que nos ayudará en el afrontamiento de las situaciones.

  1. Identificación de la causa de estrés: Puede ser originado por el medio externo o bien vivenciado por nosotros mismos. En ambos casos, tiene que ver con la interpretación que hacemos de la situación y cómo nos influye a la hora de pensar y actuar.
  2. Identificación de nuestras propias resistencias: Estamos acostumbrados a actuar de una determinada manera,  por lo que comprometernos al cambio y ejecutarlo puede llevar a grandes dificultades. Aparecen nuestras resistencias internas, al percibir el cambio como amenazante, ya que sólo vemos lo que conocemos. Actuamos repitiendo los mismos patrones de comportamiento a través de las situaciones. Es lo que se conoce como estabilidad conductual. Darse cuenta de ello es importante y cuestionar nuestras propias creencias y actitudes es necesario para comenzar a salir de nuestra zona de confort, que es la que ha regido nuestra vida.
  3. Valorar y expresar: Reflexionar sobre lo que queremos “soltar”. Para ello, es necesario ver si queremos actuar como lo hemos hecho hasta ahora o bien, asumir el riesgo hacia el cambio, aunque no se ajuste de entrada a nuestros principios básicos. Es importante pararse a pensar y luego actuar.
  4. Actitud activa ante el cambio: La única fórmula que nos puede ayudar a ver de una forma diferente la realidad es el aprendizaje y el afán de superación. Es como cuando un niño aprende a montar en bicicleta. Con entrenamiento y esfuerzo lo acaba consiguiendo. El aprendizaje es una habilidad que de      adultos perdemos, pues nos fijamos más en los resultados y menos en el proceso. El miedo al fracaso nos inhabilita la capacidad para aprender.
  5. Aprendizaje y crecimiento: No hay que negar la emoción desagradable. Es necesario sentirla y dejar que el tiempo pase. Cuando disminuye la intensidad elaboramos las explicaciones lógicas sobre qué ha podido fallar, qué tenemos que mejorar, qué necesitamos…Siempre debemos mostrar apertura hacia nuevas ideas y oportunidades válidas que nos ayuden a avanzar.
En definitiva, nadie dijo que fuera un camino fácil pero el desarrollo de la inteligencia emocional es posible. Para cambiar primero hay que querer y no olvidar cuál es nuestro fin. Sólo así conseguiremos modificar nuestros patrones de conducta y canalizar nuestras emociones de forma adecuada en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.




LA DEPRESIÓN EN LA SOCIEDAD (I)


          El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído 
                                          (Concepción Arenal)

La depresión es actualmente uno de los grandes males de nuestro siglo. La sociedad habla mucho de ella, pero paradójicamente poco se sabe de este trastorno. Conocer exactamente qué es nos ayudará a perderle el miedo y a poder prevenirla. Este será el primero de otros posts relacionados con esta problemática tan importante hoy día, pues afecta a seis millones de personas en nuestro país. Según la OMS, se considera la primera causa mundial de discapacidad, y el origen del 27% de todos los años de discapacidad generados por todas las afecciones.

Los síntomas psicológicos principales son una profunda tristeza, la pérdida de interés o de la capacidad para experimentar placer. La persona tiene una imagen negativa de sí misma, no ve futuro ni esperanza y percibe una imagen distorsionada de la realidad. Le inundan sentimientos de inutilidad, culpa y ausencia de deseo por vivir. Estos síntomas no son transitorios sino que permanecen de forma estable durante bastante tiempo. A la persona le asaltan constantemente pensamientos autodestructivos. Disminuye su rendimiento intelectual y su capacidad de concentración en la toma de decisiones. Y además, presenta un riesgo de suicidio treinta veces mayor que la población general, siendo este riesgo más probable tras ocho o nuevo meses de remisión.

Los síntomas físicos que se manifiestan son la fatiga o la pérdida de energía, el enlentecimiento generalizado y el insomnio, o por el contrario la hipersomnia. Las relaciones interpersonales se reducen y la persona tiende al aislamiento y a la incomunicación. Puede predisponer a otras enfermedades físicas y es un factor de riesgo en el infarto de miocardio. Es muy probable que las personas que lo sufren y se deprimen tras el suceso, incrementen por cuatro el riesgo de mortalidad en los seis meses siguientes. La depresión eleva la posibilidad de sufrir de nuevo un infarto.

Los trastornos depresivos tienen muchas formas de presentación. Pueden variar desde procesos de duelo del fallecimiento de un ser querido, hasta trastornos más severos en los que aparecen ideas delirantes autodestructivas y de culpa. Pueden presentarse de forma encubierta en otros problemas; como los trastornos de alimentación, la violencia de género o los trastornos de conducta. Y sus causas pueden ser genéticas o psicológicas o bien sociales. Es interesante el papel de la genética en este asunto. Sin embargo, creo que más importante resulta el papel que juega la educación y la sociedad en esta enfermedad.

Vivimos en tiempos de estrés, de prisas, donde no nos detenemos a pensar lo que sentimos, lo que nos ocurre. Se nos inculca un modelo ideal a conseguir: una familia, una casa, hijos, un buen trabajo. La ausencia del logro de los objetivos conduce a la infelicidad y como consecuencia a la depresión. Vales por lo qué tienes, no por lo qué eres. Así se definiría la mentalidad occidental donde el constante afán de superación puede conducir directamente al fracaso. Esto se traduce en altas tasas por bajas laborales en la población, donde la ansiedad y la depresión llevan al desbordamiento psicológico.

Todo acontecimiento o suceso necesita un tiempo para procesar y sentir. Ante una pérdida por duelo, la persona necesita un tiempo físico y mental para elaborar lo sucedido y para aprender a vivir sin la persona que ha perdido. La frialdad de nuestra era y la necesidad de no experimentar tristeza hace que no se pueda elaborar su duelo de manera adaptativa. Evitando sufrir por la pérdida, intentando retomar la actividad del día a día dejándote llevar e intentando no pensar sólo lleva al desarrollo de trastornos depresivos y cuadros de ansiedad.

La depresión es un problema más frecuente en las mujeres, siendo el doble que en los hombres. Las causas de depresión en mujeres obedecen más a  factores emocionales relacionados con el estereotipo femenino. Desde la infancia se educa a las niñas para que sean amables, afectivas con los demás, obedientes, sumisas, dependientes y vulnerables. A los chicos, por el contrario se les refuerzan que sean valientes, autónomos, decididos, firmes e incluso agresivos. Esto me recuerda a los estereotipos más marcados de violencia de género, donde en sus polos más extremos se mostrarían al maltratador y a la mujer maltratada, encontrándose en ésta frecuentemente una depresión encubierta. Por tanto, la mayor predisposición de las mujeres a esta enfermedad es su propio estereotipo de feminidad.

Sin embargo, aunque es un problema muy grave y que afecta a muchas personas, sólo una de cada diez acude al especialista, poniéndose totalmente en manos de su médico de atención primaria, el cual debería principalmente escucharle, ya que la persona necesita desahogarse. Más importante aún que medicar es sentirse comprendido y valorar qué hay detrás de esos síntomas. En algunas ocasiones el abuso de medicalización por parte del especialista viene por la dificultad profesional de escuchar y atender al paciente.  Los fármacos son una vía más rápida, aunque con consecuencias más duraderas a largo plazo (como problemas físicos o dependencia al fármaco). Por lo que más allá de anestesiar lo qué se siente es importante escuchar.


















martes, 13 de noviembre de 2012

CRISIS ECONÓMICA ¿QUIÉN HABLA DE SUS IMPLICACIONES PSICOLÓGICAS?


En estos últimos días los medios de comunicación nos están informando acerca de los terribles desahucios que están viviendo las familias españolas, cuyo desencadenante más preocupante y directo ha sido el suicidio de dos personas y el intento fallido de otra. El suicidio es la tercera causa de muerte en nuestro país, seguido de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Según el INE, en 2010 se suicidaron en España más de 3000 personas y aunque el suicidio es un problema gravísimo, me planteo hasta que punto es prudente que los medios hablen sobre este asunto, o por el contrario sea mejor omitirlo. En numerosos estudios, se ha comprobado que las noticias sobre suicidios pueden inducir a intentos autolíticos en personas susceptibles. En el asunto de los desahucios ¿qué tipo de influencia  se está ejerciendo? Es cierto que los medios de comunicación tienen mucho poder en temas de salud, pero todo depende de cómo se trate la información. Pueden ayudar en la prevención del suicidio o pueden precipitarlo.

La consecuencia más directa de la crisis económica que afecta en mayor grado a las personas es la pérdida de empleo. Trabajar es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y, desde entonces continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela, la familia y los medios de comunicación. No sólo es la fuente de poder adquisitivo para la persona, también estimula el desarrollo personal y el autoconcepto. El primer gran impacto del desempleo en la sociedad es el llamado Síndrome de Invisibilidad. Cuando las personas padecen este síndrome sienten que no las “ven”, vagan por la ciudad observando que todo a su alrededor sigue funcionando y que sin embargo ellos ya no pertenecen al mercado productivo.

A partir de ahí, la sensación de fracaso y derrota deriva en un malestar aún mayor. Si el desempleo continúa, lo cual es muy habitual, y la persona no es capaz de afrontar la situación de forma adecuada, pueden aparecer pensamientos negativos relacionados con la incapacidad personal y la reestructuración del cambio de status social y económico. Estos factores pueden acabar produciendo trastornos de ansiedad, episodios depresivos y ataques directos a la autoestima. Más aún, ¿qué es lo que lleva a la persona a quitarse la vida? Es importante aclarar que el suicidio es un fenómeno en el que intervienen múltiples factores. El desahucio es un trampolín que precipita el acto, pero detrás hay un grave problema psicológico y/o psiquiátrico que predispone a la persona a actuar de esta manera.

Existen dos hechos traumáticos para el ser humano que son la pérdida de un hijo o familiar y la pérdida de la seguridad. El hogar es un símbolo de seguridad. Es una extensión de la propia personalidad. Hemos sido educados en un modelo social que enfatiza la importancia de adquirir una vivienda como forma de crecimiento personal. La preocupación en torno a la pérdida puede provocar una reacción de estrés tan grande que supere la de los propios trastornos de ansiedad. Perder la casa es perder la seguridad, quedarse en la nada, sentirse vacío y sin sentido. Esto lleva a la persona a cometer un hecho desesperado donde no hay más salida que quitarse la vida.

Sin embargo, el suicidio se puede evitar y para poder prevenirlo es necesario que las personas hablen sobre el tema, que puedan acudir a un profesional que les pueda tratar y muy importante es pactar con ellos  un aplazamiento en su decisión de quitarse la vida. Por ello, no únicamente es necesaria la modificación de la ley hipotecaria sino que habría que mejorar el acceso al sistema sanitario para prevenir consecuencias desastrosas. Mas allá de las implicaciones financieras y económicas que trae consigo el tema de los desahucios, tendríamos que hacer una seria reflexión acerca de las consecuencias psicológicas y personales de un problema que debería formar parte de la responsabilidad social, del sistema político, del sistema bancario y en general de toda la sociedad.